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Historia revisada en ortografía

Por amor nació Vanessa

442859 - “Andrea, no puedo más, hay algo que llevo dentro desde hace más de 20 años y me esta matando”, enseguida le pregunté “¿qué te pasa Carlos?”, me contestó “he intentado ignorarlo, eliminarlo, reducirlo, incluso convivir con ello de alguna u otra manera pero ya no puedo más, desde hace ya mucho tiempo me está comiendo por dentro y ya no aguanto más”.

Al momento, le reiteré “pero ¿me quieres decir qué te pasa, por favor?”, me respondió “¿no te lo imaginas?, tan bien he conseguido ocultarlo durante todos estos años, intenta pensar Andrea, me conoces mejor que nadie, estoy seguro que hay una parte de ti que siempre ha pensado que algo no iba bien en mí y esa parte de ti sabía qué era, aunque no le prestaras atención o ignoraras sus señales, inténtalo, ¿de verdad qué has estado tan ciega?”. Entonces, me comenté “Carlos, tengo miedo que sea lo que creo que es y también tengo miedo de equivocarme”, suplicándome “ayúdame a dar el primer paso poniendo en tu boca lo que llevo adentro, nada de lo que digas podrá causarme más dolor que el que sufro ahora” y afirmé “Carlos, estoy asustada” e insistió “no tengas miedo, Andrea, ayúdame”.

Enseguida, le pregunté “Carlos, ¿quieres ser una mujer?, ¿siempre has querido ser una mujer, no?” y añadí “lo he pensado miles de veces pero siempre lo apartaba de mi cabeza porque había otras cosas que no me cuadraban, aunque dentro de mí siempre habitaba la sospecha, más bien la seguridad que este día llegaría, que el ponerte mi ropa no era sólo un juego, te hacía demasiado feliz hacerlo como para que lo fuera”. Luego de unos instantes, me respondió “sí, Andrea, quiero ser una mujer, quiero ser una mujer desde que soy consciente de mis pensamientos, no recuerdo ni un solo día en el que ese sentimiento no haya dominado en mí, no recuerdo un solo día en el que no te haya visto arreglarte y salir de la casa tan guapa y no haya llorado y sufrido por dentro, por no ser yo quien saliera con ese vestido”, disculpándome “lo siento, Andrea”.

20 años antes

Carlos se acercó a su madre, que estaba lavando los trastes en la cocina y le preguntó “mamá, ¿necesitas que te ayude en algo?”, le contestó “no, hijo pero gracias”, aunque normalmente su hijo era un niño que colaboraba muchísimo en la casa, su repentino interés en ayudar y como le formuló la pregunta, no sabía por qué pero la hizo pensar que atrás había algo más, sobre todo cuando a continuación, escuchó cerrarse la puerta del aseo, cuestionándose si su hijo se encerraría en el baño luego de ofrecerle su ayuda. Terminó de meter los últimos vasos sucios que le quedaban y cerró la puerta del lavavajillas, luego caminó por el pasillo pensando que no tenía ni idea por qué todo esto le resultaba extraño pero decidió que abriría la puerta del baño, para ver qué pasaba, si todo era normal, sería tan sencillo como pedir disculpas y hacerse la despistada.

Al llegar a la puerta, la abrió y vio a su hijo de 7 años, quedándose petrificada y sin saber qué decir, su hijo llevaba puesto el camisón rosa que ella había llevado la noche anterior y debajo del camisón, se había puesto una braguita de encaje. No entendía nada y se cuestionaba “¿por qué su hijo llevaba su ropa?, él sólo pudo hacer el ademán de quitarse el camisón nerviosamente en el momento que vio a su madre pero no le dejó, señalándole sin pensarlo mucho “Carlos, no tienes que esconderte, cuando quieras probarte mi ropa, tan sólo tienes que pedírmelo”. Desde entonces, comenzó a vestirse con la ropa de su mamá, esta siempre lo motivó a hacerlo, aunque dentro de ella pensaba que únicamente era una travesura de su hijo, pues se notaba precoz y caliente, muy caliente, así que siempre le divirtió ver a su hijo tan bonito y tan femenino jugando a ser una nena, esto en cierto sentido la calentaba un poco.

Su madre le llegó a comprar ropa y cuando viajaba al extranjero, le traía ropa para que usara debajo de su ropa de varón; obviamente, su padre ni enterado estaba, él veía en Carlos a un joven más bien bonito, si no femenino, si podía decirse que más bien era un muchacho finito en su complexión y con cara de niño. Además, Carlos siempre tuvo novias y su madre no comprendía bien esto, tenía en él a una muñeca que a veces vestía completa pero con lencería sexy, ese fetiche de su madre marcaría en Carlos una relación muy intima con la lencería. De adolescente, él y su madre se vestían juntas y su madre no sólo era bonita, además conservaba un cuerpo escultural y al vérselo, ambos o ambas estaban realmente enamoradas, aunque nunca paso algo más allá de vestirse y de convivir las dos juntas en lencería.

Ahora en su vida adulta.

Andrea comprendió que a Carlos le gustaban estas experiencias, que desde que se conocieron, le confesó que le gustaba la lencería, esto se le hizo hasta divertido, nunca imaginó lo que realmente significaba para Carlos. Andrea quería saber qué era lo que realmente inquietaba a Carlos y parecía que lo sabía, atreviéndose a lanzar estas aseveraciones “Carlos, ¿qué deseas?, ¿cómo te puedo ayudar?” y le contestó “Andrea, no me puedes ayudar, mis deseos van más allá de lo que creo puedes aceptar, perdóname”. Al momento, Carlos se llevó las manos a la cara y rompió en llanto, Andrea necesitaba un hombre y le señaló “te juro que te amo pero necesito un hombre, necesito saber qué se siente, siempre he querido, lo necesito, perdóname”.

Andrea se quedó pensativa, no sabía cómo responder ante la tremenda confesión de su esposo, lo ama pero no sabe cómo acomodar estas ideas en sus pensamientos; al mismo tiempo, al ir descubriendo la historia y ver a Carlos e imaginárselo, siente también el pecho saltar y una creciente excitación, con esta sensación de la que es presa, le da muchas ideas. La primera idea ha sido exigirle a Carlos que vaya contando su historia y sus anécdotas en este sitio, así que este será el primero de muchos relatos de lo que me ha exigido mi hermosa Andrea, para dejarme explorar la sexualidad de Vanessa, mi verdadero yo.

Besos y gracias por leerme.

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Enviada por: cexylia

Correo: cexylia.garza@hotmail.com      
 

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