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Historia revisada en ortografía

Gozando con una casada sin permiso

414207 - Alondra y yo habíamos planeado un encuentro, aprovechando que su marido se ausentaría casi todo el día de su casa, por una reunión de trabajo fuera de la ciudad y según lo acordado, me presentaría en su domicilio, para hacerla gozar. A la hora acordada, llegué a su casa, me había puesto una gorra, además llevaba una caja de herramienta y un pequeño tanque de gas, para despistar, entonces Alondra abrió la puerta con una sonrisa y me dejó pasar.

Enseguida, dejé las cosas en la cocina y casi de inmediato, nos abrazamos besándonos de lo más rico, luego le dije al oído que había esperado ese día con muchas ansías y ella me respondió de la misma manera. Tomándome de la mano, me dirigió a su recámara, donde me pidió que me sentara en la cama y se dirigió al baño, de donde unos minutos después, salió con una tanga morada y un bra que hacía juego, diciéndome que los había comprado para el encuentro conmigo y que había escondido la ropa para que su marido no la viera.

De nuevo nos besábamos y mis manos recorrían la espalda de Alondra hasta que le apreté sus nalgas con lentitud; por su parte, ella me había puesto sus brazos alrededor del cuello y me ofreció su boca y su lengua, las que disfruté, el sabor de sus labios era delicioso. Luego, ella me empezó a desnudar y con una sonrisa, se dio cuenta de mi erección, enseguida me acostó en la cama y empezó a mamarme mi miembro y me masturbaba despacio, para luego metérselo todo en su boca, se lo metía todo, subiendo y bajando su cabeza. Así pude sentir cómo me lo apretaba con cuidado, al tiempo que yo le sobaba las nalgas dejándome hacer hasta que entre jadeos, le propuse que hiciéramos el “69”.

Para ello, se puso encima de mí y haciéndole la tanga a un lado, empecé a darle lengua a su cosita empapada mientras ella no dejaba de mamármela y de hacerme gozar, además le pasaba la lengua de su cosita a su ano y me regresaba. Después de mamármela un rato, me dijo que ahora quería que me la cogiera como su marido no lo hacía y así, acostado como estaba, me puso un condón y me montó, apoyándose en mi pecho y sentándose encima de mi miembro, dándose unos sentones con mucha fuerza, subiendo y bajando de mi miembro, gimiendo y balbuceando algunas palabras que no pude comprender.

Además, la abracé de su espalda, para atraerla hacia mí y besarla mientras ella no dejaba de moverse y yo sentía riquísimo, besándonos. Entonces, me dijo que no fuera a terminar porque se sentía muy bien y entre besos, le abría más sus nalgas y me movía con más fuerza, penetrándola totalmente. Pasaron algunos minutos antes de que Alondra se viniera, entre gemidos que temí que escucharan los vecinos, entonces cayó encima de mí, sin fuerzas, buscando mi boca y nos dimos lengua de una manera muy rica, los dos seguíamos calientes.

Posteriormente, la acosté en la cama y abriéndole las piernas, la penetré hasta la base de mi miembro y su lubricación permitió que le entrara todo, sin problemas y separándole sus piernas, le metía y le sacaba mi miembro en su totalidad mientras ella gemía y pedía más. A continuación, me puso sus piernas en mis hombros y guió mis manos hasta sus senos, que estaban redondos y duros, de manera que mientras me la cogía, le acariciaba y le amasaba sus senos deliciosos y Alondra gemía y pedía más; también, ella se frotaba el clítoris erecto con dos dedos, para que su placer aumentara.

En poco tiempo, aceleré mis movimientos sintiendo la dulce sensación de una venida y entre gemidos, me moví más duro hasta que me vine de una manera deliciosa y cansado, me acosté en la cama, entonces Alondra me quitó el condón y empezó a mamarme mi miembro de nuevo, saboreando los restos de semen. Mientras ella me lo mamaba, le acaricié su cabello y pronto, mi miembro estuvo erecto de nuevo, enseguida me puso otro condón y ahora, se colocó de “a perrito”; en esa posición, su trasero se veía delicioso y sus dos hoyitos divinos.

En esa posición y sujetándola de las nalgas, la penetré vaginalmente, ya que mi miembro estaba muy duro y la penetré hasta que mi cintura quedó pegada a su trasero, la había penetrado totalmente y me movía rico, sintiendo lo apretado de su cuevita. Con eso, Alondra gimió y pidió más, así que aceleré mis movimientos y pude sentir cómo ella seguía dándose dedo otra vez, así pasaron algunos minutos hasta que terminó de nuevo entre gemidos ricos y dejé de penetrarla pero ahora, me apunté a su hoyito trasero.

Como mi miembro estaba lubricado por sus jugos, le entró con no tanta dificultad y mientras se lo empujaba, Alondra gimió pero me impulsó a seguirlo haciendo hasta que con la mitad de mi miembro adentro, empezó a mover su cadera. De esa manera, yo se lo empujaba con un poco más de fuerza hasta que mi miembro fue recibido en su totalidad por su ano y ella gimió de dolor y de placer, moviéndome con suavidad y sintiendo lo apretado de su hoyito.

Después de unos minutos, empecé a acelerar mis movimientos, sentía riquísimo y continué hasta que supe que en cualquier momento terminaría de nuevo mientras ella gemía y me decía que era riquísimo lo que sentía hasta que por fin, me vacié de nuevo y le saqué mi miembro ya un poco flácido. Habían pasado casi tres horas y sugirió que me fuera, así que me vestí y de nuevo, la besé con ricura, esperando la siguiente oportunidad para gozar juntos.

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Enviada por: kazz37

Correo: sw75mx@gmail.com      
 

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