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Historia revisada en ortografía

Lety…, capítulo dos

410978 - Ya la “relación” con Lety estaba bien definida, no íbamos a tomar riegos, ser concuños y vivir cerca era muy riesgoso, así que decidimos que cuando hubiera oportunidad de vernos, me lo iba a dejar saber por medio de indirectas, o frases sin sentido que yo debía entender.

Así, se dio la oportunidad de una segunda cita, ella iba a “recoger” un paquete a una terminal de autobuses, entonces nos metimos al mismo motelito de la primera vez y de nuevo, pedimos el cuarto con jacuzzi. Ya ahí, ella me dijo que se quería dar un baño antes que todo y nos lo dimos juntos; verla allí, bajo la regadera, era excitante, pues su exquisito cuerpo me atraía cada vez más, además verle sus pequeños pezones erectos por los efectos del agua, me invitaban a mamárselos mientras le empezaba a acariciar su rajita, completamente afeitada. Para ser tan descuidada en su aspecto personal, no me imaginé que se afeitara esa zona pero así era y despertaba en mí, un instinto insano hacia un cuerpo que parecía de una chiquilla.

Terminamos el baño y nos fuimos a la cama, donde apenas llegando, ella me tomó la verga y se la llevó directamente a la boca, allí puse más atención a sus dientes, eran enormes y empezó a jugar diciéndome “soy una perra rabiosa, te lo voy a morder” mientras me lo mamaba bastante rico, también se la metía por completo y se la sacaba muy lentamente, al tiempo que con su lengua, me relamía toda la superficie de mi pito mientras me la mamaba y se colocaba de una forma especial, a sabiendas de que había un espejo a sus espaldas que me mostraba el reflejo de su delicioso y rico culo.

Al ser tan delgada, este se exponía de manera total, haciéndome recordar nuestra primera experiencia y todo ese estímulo me provocó una venida fenomenal. Al sentir que me chorreaba, ella se sumergió literalmente mi pito en su boca y no me dejó retirarlo, sentí como se bebía mi leche inmediatamente y no paraba de pasar su lengua por mi pito, que ya pedía una pausa antes de seguir pero ella no lo permitió, estaba prendida a él y no dejaba de mamármelo, al controlar la sensibilidad que queda después de una venida y con el muñeco bien parado, quería cogérmela pero ya.

En vez de eso, ella se arrojó literalmente sobre mí, poniéndome su concha en mi boca y ordenándome “mámamela, papi”; sentirla allí, en mi boca, perfectamente afeitada, me hizo sumergirle mi lengua lo más que pude y pasársela por todos los rincones a mi alcance. Mientras tanto, ella me la mamaba y yo le agarraba sus tetas pequeñas y ricas, al tiempo que se meneaba a un ritmo desbocado, en un ir y venir sin fin, que buscaba un premio para sí. Naturalmente, sus gemidos agudos y medio ahogados me provocaban excitación y al agarrarle las nalgas, uno de mis dedos quedó encima de su ano, lo que motivó que empezara a jugar con él, haciéndole giros e intentos de sumergírselo.

Era claro que eso le agradaba, por lo que tomó mi mano y guió dos de mis dedos hasta que se los sumergí en su culo y mientras los giraba dentro de ella, sentí cómo empezó a venirse, su culo tenía las contracciones propias del acto, al tiempo que caían sus jugos vaginales en mi boca. Finalmente, ella se desplomó a mi lado y mis dedos se salieron de su rica cueva mientras en esos minutos de reposo, me preguntaba “¿cómo era que esta chica casada, fuera tan fogosa, tan llena de pasión y sobre todo, tan desinhibida?”, hay pocas mujeres así tan dispuestas a gozar del sexo, solo por sexo, sin mezclar sentimientos y dejando atrás cualquier clase de remordimientos.

En tono de broma, le pregunté si su esposo no la llenaba y me respondió “es un estúpido, siempre le he sido infiel con quién puedo”, pensando “vaya, tan seriecita que te veías”, pues a pesar de haberse casado siendo muy joven, ya había tenido experiencia con otros chicos y cuando mi cuñado le pidió que se juntara con él, de inmediato le tomó la palabra, para salirse de su casa, aunque nunca pensé que mi suegra iba a ser más fastidiosa que mi mamá.

Entonces, mi cuerpo empezó a recuperarse mientras hablábamos, además le pasaba un dedo por uno de sus pezones, eran como unas pequeñas pasitas y me las quería comer. De repente, ella me preguntó “¿te gusta mi culo?”, le respondí “me encanta”, inmediatamente se colocó en cuatro patas y meneó sus nalgas en mi cara, ¡qué rica visión!, su concha y su culo estaban a la vista y me invitaban a meter mi verga en ellos. A continuación, me arrodillé atrás de ella, decidido a meterle mi verga en la concha, ya que la primera vez todo había sido por el culo y tomándomela con mi mano, se la empecé a rozar por toda su pucha, que estaba caliente y mojada.

De esa manera, la vista era inmejorable, algo rico de las flaquitas es que nada te obstruye el panorama, a pesar de que tengan las piernas cerradas y miré cómo se le iba mi verga lentamente en esa rica panocha, sintiendo cómo el fuego de su interior me la quemaba, no era una panocha estrecha, pues ya tenía dos chamacos pero sí muy rica. Además, ella tenía la capacidad de apretarla, “perrito” le llaman algunos y sentía cómo me oprimía el pito y me movía más, se la metía y se la sacaba con rapidez, gozándola y por los gemidos que escuchaba, haciéndola gozar también.

A continuación, ella flexionó sus brazos y sumergió la cara sobre la cama, flexionando más la cadera, por lo que su culo estaba completamente despejado. Ni tardo ni perezoso y sin el menor respeto, le escupí en el culo, para lubricárselo con mi saliva y con mi dedo pulgar, empecé a jugar con él, dándole algunos pequeños apretones y miraba cómo se contraía pidiendo más y le di gusto, le sumergí mi dedo e inicié el mete y saca, acariciándole el interior.

Ella seguía con la cara clavada en la cama, jalándose el cabello con ambas manos y gimiendo de placer hasta que sentí una vez más, esas contracciones en mi dedo clavado en su culo mientras que, en un extraño fenómeno, al menos para mí, mi pito quedó aprisionado en sus músculos vaginales, pues ya no eran contracciones, era un constante apretón a mi muñeco mientras ella gritaba “ah…, ah…, ah…”. No resistí más y me dejé ir con todo hasta que mi leche inundó ese ahora inexplicablemente estrecho hueco vaginal y aún con mi verga aprisionada en su chocha, se dejó caer sobre la cama y yo sobre ella, desapareciendo debajo de mí pero no se quejó.

Al instante, me compadecí y cuando sentí mi pito en libertad, me rodé a un lado de ella, había sido espectacular, nunca en mi vida había sentido ese placer, ese apretón, ese “perrito” tan famoso y por el momento, había llegado la hora de volver nuestra vida normal.

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Enviada por: Mackinho_DF

Correo: varsan_1962@hotmail.com      
 

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