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Historia revisada en ortografía

Descubrí a mi novia

397492 - Nunca pensé que reaccionaría de esta forma al encontrar a mi novia teniendo sexo con otro hombre. En esa ocasión, regresé a mi casa más temprano de lo acostumbrado y quise darle la sorpresa a mi novia, sin pensar que el sorprendido sería yo.

Al llegar a la casa, había un auto estacionado en la entrada y esto me pareció extraño, por lo que entré a la casa sin hacer ruido, subí a la recámara y escuché algunos gemidos, además la puerta estaba entreabierta y cuál fue mi sorpresa al ver a mi novia gozando como una loca con las embestidas que le daba un hombre por el culo, al que después reconocí y era un antiguo compañero de la universidad.

Al principio, quise entrar y golpearlos a los dos pero el morbo de verla como disfrutaba del gran pene de su amante, me hizo quedarme paralizado y la furia inicial se convirtió en excitación, provocándome una erección y seguí viéndolos coger de una manera salvaje, cambiándose de posiciones y con mi esposa entregándole todos sus orificios, mismos que él, de manera insaciable, le llenaba de leche. Así siguieron durante un largo rato, él parecía no cansarse, verdaderamente era un semental y lograba provocarle orgasmos tan intensos a mi novia como creo que nunca lo logré yo.

Cuando ella le empezó a pedir que la dejara descansar, me salí de la casa tremendamente excitado y deseando hacerle el amor a mi novia. Entonces le llamé por teléfono desde la esquina y le dije que estaba por llegar a la casa, ella nerviosamente solo me dijo que había pasado todo el día pensando en mí y que estaría feliz de tenerme en la casa tan temprano. Instantes después, vi a su amante que salía apresuradamente de mi casa y desaparecía en su auto, inmediatamente entré y subí a la recámara, donde mi novia se dirigía al baño y me dijo que quería darse una ducha, pues había estado haciendo el quehacer de la casa y por eso estaba sudando. Ella no sabía que yo había visto el quehacer que estuvo haciendo y por el que estaba tan sudada.

Yo no la dejé que entrara al baño y empecé a besarla y a acariciarle todo su cuerpo húmedo de sudor, sintiendo el olor a sexo de otro hombre, lo que incrementó mi excitación. Ella se veía cada vez más nerviosa por el miedo de que me diera cuenta de la causa de su agitación y de su sudor y de que encontrara los restos de leche de su amante, que aún le escurrían entre las piernas y me suplicaba que la dejara darse una ducha, me prometiéndome que después me dejaría hacerle el amor.

Mi excitación era tal que no la dejé seguir hablando y la arrastré a la cama, donde la acosté bruscamente y empecé a lamerle todo su cuerpo pero ella se resistía y mantenía sus piernas bien cerradas hasta que por la fuerza, logré abrírselas y como un animal en celo, empecé a lamerle su vagina, que tenía un sabor distinto al de siempre, pues era una mezcla de sus jugos y de la leche de su amante. La sensación de aquel sabor distinto de mi novia aumentó mi deseo y le lamí esas secreciones con más ganas; por su parte, al darse cuenta que yo estaba disfrutando como loco de esa experiencia, ella empezó a relajarse y a disfrutar de mis caricias.

Cuando la penetré por la vagina, ella tuvo un orgasmo rápido pero no tan fuerte como el que le había visto tener momentos antes con su amante pero cuando quise penetrarla por su ano, me pidió que no lo hiciera porque aún estaba adolorida de la última vez que se lo había hecho por ese orificio, aunque de eso hacía más de una semana. Entonces le dije que no la penetraría pero que me dejara lamérselo suavemente y no muy convencida, ella accedió a mostrarme su culo y efectivamente, estaba muy lastimado pero no por mí, así que tiernamente se lo besé, se lo lamí y ella dio un gemido de placer.

Ya no le dije más, solo le di un beso en la boca y la dejé que fuera a ducharse; cuando ella salió, le hice prometer que no se bañaría antes de que hiciéramos el amor y solo me contestó “te lo prometo si tú me prometes avisarme cuando vayas a llegar temprano, para esperarte sin bañarme”. Desde ese día y siempre que puedo, llego temprano a la casa y siempre, desde la esquina, le llamó para avisarle que llegaré pronto y recordarle que no se bañe.

Espero a ver cuando su amante se retira y entro a la casa, subo a la recámara y la encuentro a ella acostada en la cama, desnuda y sudorosa, esperándome para dejarme disfrutar de los nuevos aromas y sabores que emanan de su cuerpo y que tanto placer me dan desde aquel día.

Saludos.

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Enviada por: SEXO23CM

Correo: osvaldo_serrano@live.com.mx      
 

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