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Historia revisada en ortografía

Del sexo en mi nuevo empleo

395969 - Recién me cambiaron de oficina en mi trabajo y llegué a un área nueva, donde había muchos problemas y tenía la fama de ser duro con los empleados. La primera semana me sirvió para conocer las actividades del lugar a donde llegué y sin embargo, el primer viernes me pidieron un trabajo urgente para presentarlo el lunes, entonces le comenté a Mary, la secretaria que llevaba esa área, que tendríamos que trabajar el sábado todo el día para terminar; sin embargo, ella me dijo que ya tenía un compromiso con su esposo y que prefería quedarse toda la noche del viernes.

Mary era una güerita, chaparrita, piernuda, de senos abundantes y unos labios gruesos que se antojaba una mamada de ellos. Ya eran como la una de la mañana cuando me pidió un break, enseguida preparó dos cafés y se sentó frente a mí, por lo que no podía dejarle de ver sus senos, que pedían a gritos ser acariciados. Platicando en confianza, le pregunté qué evento tendrían el sábado, primero me contestó que era una fiesta pero luego me confesó que se iba a reconciliar con su marido, contándome que tenían muchos problemas porque hacía tiempo que ella no llegaba al orgasmo.

Le conté que yo tenía el problema contrario, pues era muy caliente pero mi esposa no me daba abasto, entonces le empecé a dar consejos para que su marido los practicara. Naturalmente, una cosa llevó a la otra, así que terminamos desnudos, enseñándole cómo debería acariciarla para calentarla y como lo predije, me daba unas mamadas que pensé que iba a terminar muy pronto y para no quedarme atrás, quedamos en un “69”, así que le separaba sus labios vaginales con los dedos, para acariciarle todos los rincones de su puchita rasurada y rosita.

Después, ella se tendió en el escritorio y abrió sus piernas, ofreciéndome su puchita y pidiéndome que la poseyera, por lo que ni tardo ni perezoso, la penetré de un solo jalón, luego el bombeo era despacito, disfrutando ambos mientras le besaba los senos y ella me arañaba la espalda. Luego, se puso de “a perrito”, descansando su torso en el escritorio y en cada empujón, sentía que me iba a chupar el pene con todo y mis huevos con su puchita. Posteriormente, me pidió que me acostara en el escritorio y ella se montó, metiéndose mi pene en su puchita y moviéndose con una maestría increíble.

Quedamos todos sudorosos y claro que ya no terminamos el trabajo, la fui a dejar a su casa como a las 4 de la mañana y al despedirnos, me comentó que nos veíamos en unas horas en la oficina pero no era para seguir trabajando, ¡qué rico!.

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Enviada por: montesquiu

Correo: negrocogelon@gmail.com      
 

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