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Sexo con mi sirvienta

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Enviada por: pepecruzpriego            mexico

376638 - Este relato comienza con una sirvienta que tuve en mi casa pero antes de esto, ella trabajó en la casa de mi abuelo, en donde nos reuníamos varios amigos y era de un cantón en un pueblito. Pues resulta que siempre los amigos que llegaban, le decían piropos y todo eso a esta señora, como tirándole indirectas que querían cogérsela o que le querían mamar la concha y otras cosas similares, casi todos querían hacérselo, después de muchos piropos y toda la cosa.

Al pasar de los días, específicamente un sábado en la tarde, solo estaba un amigo en la casa de mi abuelo, por lo que la sirvienta accedió a tener sexo con él. Esto pasó y creo que trabajó como un año en la casa de mi abuelo y luego se fue para su pueblo. Un año después, esta señora pidió trabajo a mi papá en mi casa, pues era la hija de un empleado de nosotros; este señor, el papá de ella, fue chofer por muchos años de mi abuelo; por cierto, el nombre de la señora es Ana, tiene 35 años, es separada y mi papá la contrató en la casa para que se quedara a dormir y cada 15 días, ella iba ir a su casa.

Al saber de la noticia, me quedé impactado pues sabía lo que había pasado en la casa de mi abuelo y que tuvo sexo como con dos amigos diferentes en ese entonces, cuando trabajó allí. Esta vez, para mi suerte, no había competencia pues a mi casa no llegaban mis amigos, entonces vi mi oportunidad para pisármela o cogérmela, que es lo mismo. Pasó quizás una semana y empecé a hablar con ella, a llevarme y todo iba de maravilla, a veces le mencionaba de lo que sabía que había pasado en la casa de mi abuelo y la molestaba con el amigo que se la había cogido, así fui agarrando confianza.

Una noche cuando mi papá y mi abuela estaban dormidos, decidí bajar por las escaleras, ya que el cuarto de la servidumbre está en la planta baja y los cuartos de nosotros están en la planta alta. Así pues, bajé muy callado y dejé mi televisión encendida en mi cuarto, luego cerré la puerta suavemente, ya que hacía un ruido como chillido y logré cerrarla sin que se dieran cuenta en la casa, para hacer parecer que yo la veía en mi cuarto. Entonces venía la parte de bajar las gradas y como son de madera, se escuchaba un poco el ruido, así que decidí bajarlas con cautela; a todo esto, en mi cuarto ya se me había parado la pija y me la había empezado a pajear, pensando en ella y cómo quería agarrarla, en cómo era su tortón y qué tan velludo estaría.

No me bastó con la masturbada que me estaba dando, fue por eso que decidí ir a probar suerte con esta madurita, quien por cierto, era delgada, de ojos achinados, cabello liso, algo largo, con olor riquísimo, se sentía de lejos y con buenas piernas, además, sus pechos eran redonditos, aunque pequeños pero deseables, como entre cafecitos y rosaditos, un color fenomenal y bien formadita. Como seguía diciendo, al bajar las escaleras al fin, me dirigí hacia su cuarto y cuando estaba enfrente, vi por la hendidura que la luz de su cuarto estaba encendida.

Yo sabía que encendida la luz y apagadas las de afuera de su cuarto, no había manera que se percatara que alguien la estaba espiando, pues ella se estaba cambiando la ropa y en ese momento, se quitó la blusa. Fue ahí cuando le vi sus pechos fenomenales, entre cafecitos y rosaditos, pequeños pero súper sexys, luego vi como se quitó la falda y se quedó en calzón, llevaba una tanguita roja pequeñísima, se veía pero rica.

No me aguanté más y cuando se puso el camisón, decidí tocarle la puerta suavemente y asustada, ella me preguntó “¿quien?”, le contesté “soy yo, Mauricio, ábrame la puerta que quiero hablar con usted un rato”. De inmediato, ella exclamó “¿quéééé?, ¿a esta hora?, ¿y qué es lo quiere hablar?”, le reiteré que quería hablar con ella, que la quería conocer mejor, entonces ella accedió y me dejó entrar, después de rogarle como por 10 minutos; a todo esto, yo corría riesgo de que me oyera mi abuela o mi papá.

Ya adentro de su cuarto, la cosa se tranquilizó, ella estaba en camisón y empezamos a charlar hasta que me dijo qué loco era, que me podían descubrir y me preguntó por qué estaba allí. Le respondí que ella siempre me había atraído, que yo siempre había querido estar con ella y que cuando supe que había cogido con otros, me excitó mucho, entonces me cuestionó si de veras era así y le contesté que sí. Enseguida, empecé a tocarla y pude sentir su camisón cortito y debajo, el calzón rico que tenía, una súper tanga que apenas le cubría su concha y se le metía en el culo, inmediatamente se me paró la verga a mil…

Después, le metí la mano en la tanga y poco a poco, le fui tocando su vagina y le metí el dedo índice en su concha, ella ya estaba mojadísima y me dijo que yo también le gustaba y que ella había ido a trabajar a mi casa para poder coger conmigo todas las noches. Fue allí cuando casi acabo en seco, tenía la verga dura, pero dura, dura, ya no aguantaba, enseguida le empecé a besar el cuello y le olí su cabello, luego la besé, tenía unos labios espectaculares y decidí besarle todo su cuerpo, primero el cuello, luego las chiches o tetas, ¡qué rico ese instante!.

Así se las mamé con la lengüita hasta que se le erizaron todos los pezones y se le puso la piel de gallina ante mis chupadas, todo esto lo hacía acompañado por mi dedo en su concha, moviéndolo en forma circular, ya estaba totalmente mojada. Entonces decidí bajar por su estómago y por el ombligo, luego la acariciaba a medida que le iba chupando su cuerpo y llegué a sus piernas, lo que la puso a mil por hora, tanto que casi que la hago acabar en seco también.

Luego de unos minutos, llegué hasta su conchita y empecé a mamársela con mi lengua, se la succionaba y le jalaba el clítoris, hasta se la metía duro y recto, para que sintiera el máximo placer, le sabía riquísimo, era un olor perfecto, la mejor conchita que he probado hasta ahora, todavía le olía a jabón con sexo, ¡que ricaaaa la tenía!. Con todo esto, no podía más pero le seguí mamando su concha, luego me bajé de la cama y la puse en la orilla de la cama, ahí me arrodillé y puse sus dos piernas encima de mis hombros, empezando a darle otra mamada en su concha, ahí la hice acabar una vez en mi boca.

Después, ella me pidió que se la metiera, que estaba sensible y que se vendría fácilmente pero yo ya casi que no podía, me salía líquido transparente de mi pene de la gran excitación que tenía, estaba listo para cogérmela. Entonces, me subí lentamente con mi boca hasta besarla, luego agarré mi verga y se la puse en su conchita pero solo le metí la cabeza y rápidamente se la saqué, ella quería que se la metiera toda de un solo golpe pero la hice que me lo pidiera, que me rogara por mi verga en su concha y cuando se la ponía en la entrada, se excitaba más, hasta se fue una vez más.

Luego, ella me agarró bruscamente y se apoderó de mi verga, metiéndosela como medicina para satisfacer sus necesidades más extremas, necesitaba de mi verga al máximo y ya no se la negué y se la di. Ella empezó a moverse como loca, una necesitada de pene, se sentaba en él y se restregaba de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo y luego, se salía por completo y se la volvía a meter, diciéndome que cuando se le salía mi verga de su concha y volvía a entrar, la sentía rico, que era lo más bueno que había probado hasta ahora, que mi verga era increíble y la cama rechinaba, ¡qué rico estábamos cogiendo!, ella bien abierta de sus piernas, recibiendo mi verga satisfactoriamente, le encantaba y continuamos hasta que se vino y yo también.

Después que me fui, seguí metiéndosela antes que se me ablandara y me funcionó porque estaba tan sensible que se fue al minuto, esta vez el orgasmo le duró un largo rato y gemía de placer, no podía dejar de gemir, sentía demasiado rico. Al final, nos quedamos acostados, uno a la par del otro y me dijo que me esperaba cuando yo quisiera, que quería que me la cogiera todos los días, si era posible y que el fin de semana, no iba a salir para quedarse en la casa solita conmigo, ¡qué ricos esos fines de semana con ella!, todavía los recuerdo, es la mejor sirvienta que he tenido en mi casa.

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