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Historia revisada en ortografía

Ayudando a nuestra vecina

365403 - Julia, nuestra vecina de al lado, llamó a mi esposa para ver si podríamos ayudarla, estaba por colgar una pieza de arte en la pared y su marido, Bobby, no se encontraba ahí. Esta era la misma Julia que me había regalado su panochita depilada durante una fiesta, hacía un par de semanas.

Al momento, mi esposa me gritó que bajara de mi oficina y me relató la petición de Julia y yo siempre listo, le comenté que regresaría en unos minutos; también me dijo que ella vendría también porque la pieza era algo grande. Con una escalera en mano, nos dirigimos a la casa de nuestros vecinos, toqué la puerta y Julia abrió, ¡guau!, qué sorpresa verla vistiendo tan solo unos shorts pequeñísimos, que no dejaban nada a la imaginación, mostrando sus labios vaginales, al igual que su rajita con mucho detalle; además, ella lucía una camiseta que apenas si le cubría sus dos grandes tetas, no llevaba sostén, para aplacar sus tetas ni sus pezones, que parecían quererse salir de allí.

Por nuestra parte, mi esposa y yo también vestíamos ropa deportiva, aunque más decente, yo portaba unos shorts de correr y seguro que Julia podía notar que mi verga ya empezaba a hincharse, incluso traté de pensar en algo que me ayudara a relajar mi erección. Mi esposa usaba unos pants de lycra que también marcaban bien sus muslos y su culo, aunque sí usaba panty tipo bikini, además de una camiseta suelta, que cubría su rica panochita pero también dejaba que sus pezones se mostraran con cada movimiento.

Entramos a la casa y Julia nos dirigió hasta el área donde colgaríamos el cuadro, era una pintura de un artista local que había adquirido en un bazar, estaba compuesta del torso de una mujer vista desde atrás, no se le veía su cara pero sí su trasero y una teta con un pezón muy rosado y erguido. Al verla, mi esposa dijo “¡qué bonita pintura!, ¡quién tuviera un cuerpo escultural así!” y ella adicionó “sí, me gustó porque se ve tan sensual, muy clásica, ¿no?”.

Acomodé la escalera y me subí al penúltimo escalón, entre las dos subieron la pintura y me la dieron, enseguida la apoyé en el último escalón de la escalera y la subí, usando la pared para balancearla. Luego les pedí que me dijeran donde quedaría bien y cuando la pintura había llegado a su altura, Julia me indicó que ahí la quería, entonces usando mi cuerpo, liberé una mano y tomé un lápiz de la bolsa de mi short para marcar la posición de la pintura.

No me había dado cuenta que, al subir la pintura, apoyando mi pierna izquierda en el último escalón, mis huevos casi se me salían de mi short y las dos mujeres lo notaron más no hicieron comentario alguno. Unos minutos después, ya había clavado el soporte para el cuadro y este ya hacía lucir la pared con esa bella mujer en cueros; mientras yo colgaba el cuadro, nos enteramos que Bobby había salido por varias semanas.

Él trabajaba para una compañía que fabricaba e instalaba partes de taladros mineros, su trabajo así era y a menudo, salía a otros estados por varias semanas a la vez. Ya listo para bajarme de la escalera, Julia comentó “¿creen que me parezca en algo a la mujer de la pintura?” y mi esposa le respondió “tienes parecido” y le propuso “¿por qué no te subes a la escalera y posas como la bella, para poder darte una mejor opinión?”.

Al instante, ella se subió a la escalera dándonos la espalda y con su short tan pequeño, su culo sí era como el de la mujer, de nalgas redondas y de buen tono muscular, su abdomen rígido por el ejercicio que hacía y su teta izquierda solo asomaba la parte inferior, desde nuestro punto de vista. Luego, le comenté “Julia, sí hay cierto parecido pero no podría decirte cien por cien porque tu teta no la puedo comparar bien” y mi esposa añadió “cierto Julia, quítate tu blusa para poder opinar con más certeza”.

Sin titubear, Julia se quitó la blusa y volvió a tomar pose, luego nos pidió de nuevo que la comparáramos a la mujer del cuadro, a lo que respondí “yo opino que tu cuerpo es igual o mejor que el de la modelo” y mi esposa comentó “yo opino que tu culo esta mejor que el de la modelo y tus tetas, como son un poco más grandes, se ven más apetecedoras”. Al momento, ella le preguntó “¿apetecedoras?, ¿cómo?”, le contestó “sí Julia, si yo fuera un hombre o una lesbiana, no dudaría en mamártelas a ti antes que a la mujer esa”, enseguida le reiteró “¿entonces no son suficientemente bellas para que tú las mames?”, ahora le respondió “bueno, es que nunca lo he hecho pero si Miguel me lo autoriza, podría probarte que sí son apetecedoras”.

Yo las miraba con sorpresa y no pude más que asentir con la cabeza que sí la aprobaba, aunque me preguntaba a dónde iba todo esto… Entonces, Julia se bajó de la escalera y se puso directamente frente a mi esposa y siendo más pequeña que Julia, la boca de mi esposa quedó casi frente a las tetas de Julia; ahora que podía ver a las dos a la vez, pensé que hubiera sido yo quien me ofreciera a este reto pero su lugar, solo me senté en el sofá y me preparé a ver lo que sucedía.

En instantes, mi esposa empezó por darle besitos a las tetas de Julia, sus pezones ya estaban por reventar y su lengua experta salió para formar pequeños círculos sobre sus aureolas, una primero, después la otra. Así, mi esposa se dedicó a chupar los pezones en turno, tal como si estuviera mamando mi verga y Julia cerró sus ojos, deslizando su mano por la espalda de mi mujer y terminado por apretarle su nalga izquierda; al mismo tiempo, la otra mano de Julia ya jugaba con la teta de mi mujer, aún sobre su camiseta.

Mi esposa siguió mamándole los pezones y por momentos, le lengüeteaba las aureolas rosaditas mientras le masajeaba la teta que no estuviera en su boca con una de sus manos; mientras tanto, yo me sobaba mi verga sobre mi short, tratando de aplacarla mientras disfrutaba del espectáculo. Me volvieron a sorprender cuando Julia comentó “¡qué rico lo haces!, me estás excitando demasiado, creo que mi panocha ya esta muy mojada y lista para lo que venga” y mi esposa adicionó “yo también me estoy mojando, sí que son deliciosas tus tetas, me gustan tus pezones; quisiera arrancártelos y comérmelos”.

Instantes después, Julia le pidió “si no te aprietas, quisiera servicio completo, ¿crees que Miguel podría ayudar en algo?”, a lo que ella respondió “ya te había dicho antes para qué son los vecinos sino para ayudar” y adicionó “claro que Miguel puede ayudar en algo”. Esta fue mi señal para entrar en acción, enseguida me arrodillé detrás de Julia, le bajé su diminuto short y confirmé que su panocha estaba súper mojada; además, con mi lengua como herramienta, empecé a recorrerle su raja, llegando a su clítoris hinchado, ahí pare unos segundos, chupándoselo como mi esposa seguía haciendo con los pezones de Julia.

Casi de inmediato, ella empezó a decirnos “¡ahhhh!, me vengo, no paren, ¡ahhhh!, me corro, ¡qué ricoooooooo!”, hasta que explotó y su cuerpo se estremeció, sus muslos apretaban mi cabeza con bastante presión, no quería que le quitara mi lengua de su raja. Mientras ella se venía, yo moví mi lengua y se la introduje en su agujero; casi de inmediato tuvo un segundo orgasmo y exclamaba “¡ahhhh!, ¿qué haces, Miguel?, nunca había sentido así antes, ¡ahhhh!, mi corrida ni para, cógeme con tu lengua, ¡no paren!, ¡no paren!” y su cuerpo siguió vibrando por más de un minuto.

Ya que cedió su clímax, tuvo que sentarse en el sofá, entonces mi esposa me vio sonriendo, dándome a entender que ella aún no acababa, enseguida la besé apasionadamente y nuestras lenguas recorrían los rincones de nuestras bocas y chocaban entre sí; para entonces, mis manos ya le removían su blusa y sus tetas aparecían con los pezones excitados y erguidos al aire. Me separé un momento para quitarme mi camiseta y mi short, Julia nuca había visto mi verga, aún en aquella fiesta donde descubrí y probé su panocha por primera vez; por su parte, mi esposa también se había quitado su short y su panty, quedando los tres desnudos por completo.

Enseguida, Julia dijo “¡qué lindas tetas tienes también!” y añadió “y tú, Miguel, ¡qué arma portas!, mi Bobby se avergonzaría tal vez por tu tamaño”, entonces nos propuso “vengan al sofá”; al momento, nos acercamos, yo me senté y mi esposa se arrodilló frente a mí, para mamarme mi verga pero Julia le indicó “déjame hacerlo a mí, tú puedes tener esto en casa cuando quieras”. Mi esposa asintió y Julia se puso en cuatro patas sobre el sofá, luego su cabeza descendió sobre mi verga y su lengua empezó a jugar con mi cabeza, dándome algunos lengüetazos al glande, con lo que mi excitación crecía por segundo.

También, mi esposa se colocó detrás de Julia, su panocha invitaba a ser lamida por detrás y no tardó en dejar que su lengua probara la miel que ya envolvía su panocha y mientras se la lamía, sus manos jugaban con esas bellas tetas, masajeándolas y dándole pellizcos a los pezones de Julia. Mi verga estaba feliz, rodeada por aquellos labios e invitaba a la lengua de nuestra vecina a jugar también, al tiempo que sus manos jalaban de mi verga y manoseaban mis huevos al mismo tiempo.

Faltaba poco para acabar y comencé a decirle “¡mmmm, qué bien, vecina!, tú sí que sabes mamar, no pares que falta poco para que acabe”, a lo que ella contestó “vente en mi boca, quiero probar tu leche que seguro sabe delicioso” y dirigiéndose a mi esposa, le ordenó “y tú, mujer, no pares que me vuelve loca tu lengua en mi agujero, ¡ayyy!, ¡qué delicioso!, méteme un dedo, por favor”. Mientras Julia seguía aumentando mi placer, mi esposa le introdujo no uno, sino dos dedos en su agujero a Julia, esto fue todo lo necesario para que soltara mi verga, diera un grito de placer y se corriera en la boca de mi esposa, exclamando “¡aayyyyyyy!, ¡me corro!, ¡me corro!, ¡ahhhhh!, ¡qué delicioso!”.

Mientras todo eso pasaba, sus manos seguían masturbándome y en pocos segundos, yo también anunciaba que me venía, diciéndoles “estoy listo para correrme, ¿quién quiere mi leche?”. Al instante, las dos mujeres pusieron sus caras a varios centímetros de mi verga, que en instantes, empezó a eyacular con un chorro espectacular, que llegó a la cara de Julia, aunque una parte le entró en su boca abierta. Luego, el segundo fue a parar casi directo a la boca de mi mujer, así que las dos saboreaban su premio, así salieron más chorros, que fueron a parar en las tetas de las dos.

Ya en el suelo, las dos se acostaron y se dieron una especie de “69” en las tetas, tratando de no desperdiciar una sola gota de mi semen y terminaron besándose y compartiendo mi jugo entre ellas. Julia me decía “¡qué rico sabe tu semen, Miguel!, quisiera habérmelo comido todo yo”, a lo que mi esposa acotó “vecina, puedes tenerlo cuando gustes”, a lo que señaló “y tú, cuando quieras, puedes tenerme a mí, aunque no seas lesbiana, eres una experta, me encantó lo que me hiciste, espero que se repita”.

Era tiempo de retirarnos y ya satisfecha Julia, sabía que me esperaba una tarea en mi casa, darle mi atención completa a mi mujer pero ¡qué tarea!.

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Enviada por: jessy

Correo: yesse_25@hotmail.com      
 

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