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Historia revisada en ortografía

Me sorprendió la noche y la anfitriona

360980 - Hola, este es un relato real que pasó hace muchos, muchos años, en una ciudad de nuestro querido México. Omitiré el nombre de la dama, por obvias razones y la llamaré “China” y el de un servidor sólo me pondré “José”.

“Hola, buenas noches”, dije cuando ella me abrió la puerta, era una señora cuarentona que impresionaba de entrada y en tono amable, me preguntó “¿qué se le ofrece, joven?, le contesté “mire señora, soy el que va a dar el curso de deportes y me dieron esta dirección para llegar, si me equivoqué, le ruego me disculpe”. Enseguida, ella me cuestionó un tanto admirada “¿usted es la persona que nos va a dar el curso de activación física?, ¿de dónde es?”; luego de identificarme, sonrió, me extendió su mano y me dijo “bienvenido, aquí lo vamos a hospedar el día de hoy”.

La casa era muy elegante, con colores muy serios en la sala, los muebles muy refinados, los accesos a la cocina, al comedor y a la estancia eran muy amplios, estaba alfombrada, en fin, era una casa muy bien cuidada. Luego, ella me preguntó amablemente “¿ya comió?, le contesté “mire, acabo de llegar del aeropuerto, saldré al centro para hacer unas compras que necesito para el taller, que comienza en un par de horas”.

Ella me sugirió que me diera un baño, para aligerar la pesadez del viaje y yo accedí, al indicarme cuál sería mi habitación, era un cuarto al fondo de la primera planta, modesto, con lo necesario, una cama, una televisión y una computadora, sólo que no tenía puerta, así que puse una cortina y me metí a bañar. En eso estaba cuando ella entró al cuarto y me dijo que me llevaba las toallas, le respondí que estaba bien y cuando terminé de ducharme, salí por la toalla pero antes, me fije que no hubiese nadie y la tomé en pelotas…

Rápido, me metí al baño a secarme cuando por el espejo noté que justo se veía al final la cocina donde la señora preparaba algo. Cuando salí de ducharme, por el aire, la cortina se abría ligeramente y noté cuando ella miraba al interior; obvio, me dio pena pero dije “bueno, pues ni modo”, enseguida me puse el calzón, un short, unas sandalias y una playera.

Ya que salí, ella me miraba el chamorro derecho y me dijo “oiga, tiene buena pantorrilla” y le contesté “gracias, es cuestión de trabajarlo”, luego me dio un licuado y un panecillo y cuando se dio vuelta, pude mirarle sus bien torneadas piernas pues traía una falda a las rodillas, entreabierta hasta arriba… No pude evitar querer mirarle más arriba pero en eso, ella volteó y me vio; al darme cuenta, me agaché queriendo despistarla y ella se sonrío.

Fui al centro, regresé, me cambié y di el taller de deportes, todo fue normal y ya por la tarde noche, sin darme cuenta, ella llegó a mi espalda y me dijo al oído “he venido por usted para llevarlo a cenar, apúrese”. Cuando la vi, ¡woow!, lucía hermosa, con su cabello suelto, chino, una falda semi larga, una blusa que dejaba ver ese par de pechos y esos ojos hermosos negros; al momento, me despedí de mis alumnos, que la mayoría eran mayores de 30 años y les ofrecí el material de apoyo, así como el número de mi teléfono celular y mi mail.

Cuando salí del recinto, ella me estaba esperando con la puerta abierta de la camioneta que traía, enseguida subí y de nuevo, pude ver esa hermosa entrepierna que hizo que se me parara la verga pero ella observó el bulto y volvió a sonreír, preguntándome “¿dónde quieres cenar?”, le contesté que sería mejor en la casa, para evitar gastos. Ella me comentó “mi marido llegará al rato, sirve que lo conoces, se van a llevar de maravilla y mis hijos hoy se quedan con la tía, es día de abuelos hoy, ja, ja, ja, ja, ja” y nos carcajeamos.

Llegamos a su casa y su esposo ya estaba allí, un señor mayor que ella, amable y amigable, enseguida nos sentamos en la sala y le dijo “tráete unos vasos, amor, vamos a brindar por esta visita”; la dama llegó con tres vasos, un tequilita y limones, preguntándome “¿le gusta?”, le respondí “me encanta” y me cuestionó pícaramente “¿quién?”, entonces soltó la risa de nuevo “ja, ja, ja, ja, ja” y me quedé perturbadillo. Al cabo de tres cuartos de botella y una plática estéril, ella dijo que se retiraría a la recámara y nos quedamos el señor y yo, para culminar la tarea.

Pasada una hora, el señor dijo que se retiraba porque andaba súper cansado, también yo me recogí en la habitación, ahí me encueré dejándome sólo mi calzoncillo y me metí a ducharme; cuando salí, ella estaba allí, en bata y me dijo “oiga, deme su MSN” y tapado con la toalla a la cintura, se lo di. Al rato, prendí la televisión y miré la computadora, enseguida la encendí y ¡eureka!, sí servía y hasta tenía Internet.

Abrí el MSN y ¡oh, sorpresa!, un mensaje decía que alguien me había dado de alta…, ¡adivinaron!, era mi anfitriona, luego leí “hola”, le contesté y comenzamos una charla diminuta pero poco a poco, el tema subió de tono hasta llegar al sexual, donde me dijo que su esposo le hacía el amor cada mes. No pude evitar decirle que era una pena pero como ya eran las tres de la mañana, nos despedimos.

Cuando intentaba dormir, de repente sentí la mano suave de alguien, era la señora que había llegado y sin más, me plantó un beso de campeonato y yo le correspondí, comenzando el ritual de besos de lengua, buscando el fondo de su garganta y obvio, mis manos llegaron a su espalda, donde con suaves masajes llegué hasta sus nalgas, ¡mmmm, duritas!. Sus piernas eran torneadas y duritas, luego me bajé al cuello, a besarla para ponerla más cachonda y me dijo “ya papi, házmelo”; aún así, no le obedecí y llegué a sus pezones oscuros y paraditos, comenzando a besárselos suavemente.

Luego de unos minutos, mi mano llegó a su panochita, con bastante vello púbico, estaba súper mojada mientras ella buscaba mi verga y no se detuvo, llegó hasta ella y me comenzó a hacer un oral de primera división; naturalmente, yo le correspondí al tiempo con un “69” de lado, mmm, delicioso, su panochita estaba rica y sus jugos eran deliciosos.

Después llegó el momento de entrar y para eso, le alcé sus piernas y mi verga ya estaba toda firme, 20 cm para ella sola, que le entraron despacio, lento y gimió suave “aaggghhh, qué rica, tenía tantas ganas de una verga dura, hazme gozar, papi”. Comencé a darle despacio, luego duro y en pocos minutos, sentí un par de sus orgasmos, luego le di vuelta y en cuatro patas, se la metí toda, hasta dentro de un golpe, su vagina estaba súper mojada, escurriendo…

No aguanté más y me vi obligado a darle otros ricas mamadas a su panochita mientras ella me decía “mmmm, ssshhh” en pleno gozo, luego seguí con mi tarea y al ensartarla de nuevo, hice que lograra otro orgasmo. Luego, ella se montó sobre mí y me dio sus tetas, ¡mmm, ricas!, estaba ensartada en mí y yo entretenido en sus chichotas ricas y esos pezones erectos.

No sé cuánto tiempo pasó porque me repetía “¡cómo aguantas!” y yo seguía haciéndole el amor rico, en verdad estaba disfrutando a esa dama; de repente, le pregunté “¿te cuidas?” y ella me contestó “no te preocupes…, dame toda tu leche adentro…, uso dispositivo”, enseguida le propuse “¿juntos?” y me contestó emocionada “síííí”. A continuación, la puse de piernas para arriba y comencé a besarle sus labios, sus tetitas, su panochita y al penetrarla, ella gemía intensamente, pidiéndome “dame más, papi, lléname de ti, deja mi panochita llena de tu leche”.

Imposible evitarlo, al fin nos venimos juntos, ricooooooo y nos quedamos como dormidos un rato, yo aún dentro de ella, luego me miró a los ojos y me comentó “oye ¿cuándo vienes a otro curso?, aquí serás bienvenido” pero así como llegó, se fue. Al otro día, me duché, me cambié y nos despedimos amablemente delante de su esposo, quien me llevó al aeropuerto y me preguntó “¿disfrutaste la estancia?”, le contesté “claro que sí, muchas gracias” y añadió “a la próxima, te tendremos una sorpresa…, anímate”.

Sus palabras me dejaron sorprendido, luego me despedí y he regresado par de veces, la hemos pasado de maravilla pero ahora los tres…; esa historia se las contaré luego…

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Enviada por: swingle68

Correo: swingle68@hotmail.com      
 

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