El punto de contacto para todas las preferencias

 

Historia revisada en ortografía

Al ritmo de samba, 2ª parte

349701 - Hola amigos, esta es la segunda parte de mi aventurilla con el mulato brasileiro que nos visitó hace quince días.
Pues bien, como les contaba, ahora que hay un gran confianza con mi esposo, he regresado vivir la sexualidad sin tapujos ni culpas, les decía que siempre he sido cachonda, empecé a coger muy tiernita, en la preparatoria, aunque ya era mayor de edad, no era ninguna lolita.

Mi primera vez fue muy grata y excitante, la tuve con un novio al que recuerdo con mucho cariño; de ahí, me hice adicta al sexo, le hice casi a todo, como les platiqué en la primera parte de esta historia pero después, mi familia se mudó al D. F. y entré a estudiar a la universidad.

Como no conocía mucho de la ciudad, me tranquilice, me puse a estudiar y participé también en el grupo de porristas del equipo de básquet. No sé cómo pero le bajé al sexo, ya no volví a estar con algún hombre durante muuucho tiempo hasta que conocí a mi esposo y ahora que me ha despertado la cachondez otra vez y él me da permiso, he vuelto a las andadas y la primera aventura de madurita y casada, se las platiqué en mi historia pasada; con esas ricas nalgadas, me inauguré y cerré el año pasado.

Pero volvamos al bungaló con el mulato, que después de recibirme e invitarme a pasar, me invitó una cerveza. Su lugar era muy coqueto, era amplio, tenía una pequeña salita con un barcito y al fondo, una habitación con una cama enorme en la que ya me imaginaba revolcada por ese macho de ébano. Él sirvió las cervezas en dos tarros y se colocó detrás de la barra, al fondo se escuchaba una música brasileña muy agradable y le comenté “¡qué música tan rica!”, me respondió “son ritmos cariocas, muy característicos de los barrios playeros” y como si fuera cuerda, comenzó a platicarme un largo rollo de la historia, de los pescadores y las danzas en la playa.

Como ustedes recordarán, yo ya venía muy caliente y si el mulato se tardaba cinco minutos más platicando, me salía corriendo buscando al taxista. Me aguanté un poco para tomarme unas dos cervezas más, que me pusieran a tono mientras él seguía plática y plática hasta que me decidí y le dije “todo eso es muy padre pero que hay de la música que me ibas a enseñar…, digo, para bailarla contigo”.

Él se quedó callado un momento, después se levantó y cambió el disco compacto, luego quitó un par de sillas para hacer más espacio, entonces me tomó de las manos y me llevó a la entrada de la recámara, diciéndome “esto es capoeira”. ¡Guau!, con una agilidad pasmosa, él se dio una maroma hacia atrás, impulsado por su fuertes piernas y comenzó a realizar una serie de movimientos al ritmo de una música pegajosa muy rica pero mucho más rítmica que la que tenía de fondo.

No pude evitar seguir con mis caderas los tambores que sonaban mientras observaba a mi galán de chocolate contorsionarse y dar piruetas con una facilidad increíble, jamás había visto un hombre tan ágil, se movía con tanta fuerza en los brazos, en las piernas. De repente, me vino a la cabeza la imagen de una pantera, ¡¡si!!, una poderosa pantera negra…, eso era el hombre que estaba a punto de cogerme.

Su danza duró como unos 10 minutos pero fue tan entretenida y cachonda que no sentí pasar el tiempo, incluso pensé “¡caray!, si tuvo el aguante para bailar así, ¿cómo irá a estar en la cama?”. Cuando terminó, me preguntó “¿quieres probar tú?”, enseguida le contesté “nooo, ¿cómo crees?, jamás podría moverme así ni en mis mejores tiempos de porrista pero si tienes otro baile menos maromero”, él sonrió y volvió a cambiar el disco compacto, ahora puso una samba muy movidita, con batucada y todo.

De nuevo, yo no pude resistir y comencé a bailar, luego él hizo lo mismo, el calor se acumulaba en el bungaló y sentía el vestido pegado al cuerpo. Duramos bailando un rato cuando noté que su piel brillaba por el sudor y sus ojos se me clavaban en el movimiento de mis caderas, no me había dado cuenta pero cuando me vi en un espejo que estaba en la pared, el sudor había hecho que mis tetas se trasparentaran en el vestido y se notaran algunas manchas.

El baile se tornó más cachondo, él se movía con mucho ritmo y noté algo que me sorprendió, un bulto de buen tamaño a la altura de su bragueta, ¡ahh!, ¿será que la poderosa raza negra este bien dotada?. Él se empezaba a poner también cachondo, fue cuando sin dejar de bailar, me dijo “tu samba es casi igual a la de las brasileñas”, le contesté “¿tú crees?” y como ya estaba bien caliente, me le acerqué y lo besé en la boca abrazándolo del cuello y ¡mmm!, sentí su pene abultado y sí, era grande…, aahh, esto iba a estar muy bueno.

Luego, yo le aclaré “no, mi vida, soy mejor que cualquier brasileña que hayas probado”, entonces me separé de sus brazos al ritmo de la música y me dije que ya era el momento. Sin dejar de bailar, me desaté el nudo de los tirantes de mi vestido, dejándole caer al suelo y continúe bailando desnuda; esto prendió al mulato y se quitó el chaleco y de vez en vez, nos abrazábamos sin dejar bailar, para darnos un beso y cada vez, yo le sentía más parado su falo.

Por el calor del ambiente y la calentura, ambos estábamos bañados en sudor, yo ya tenía mi panochita bien mojada y sólo faltaba un empujoncito para pasar a la cama. Así, yo bailaba muy cachonda, me agarraba mis tetas y mis nalgas, de repente le daba la espalada y le paraba mi colita, entonces él jugó un poco al stripper, sacudiendo su cuerpo y también, me dio la espalda, luego se desató las cintas de su pantalón y se lo quitó.

De inmediato, yo vi que tenía unas nalgas grandes y firmes y me dieron ganas de mordérselas y estrujárselas con mis manos pero cuando me acerqué con esa intención, él se dio la vuelta y exclamé “¡guauu!, ¡qué verga!, bien negra, grande y firme” y le afirmé “¡papacito, qué cosa te cargas!”. Al momento, él me preguntó “¿te gusta mi paopao?”, lo cuestioné “¿así le llamas?, ¿así se le dice en Brasil?” y añadí “pues ahora enséñame como cogen en Brasil con sus paopao”…

Sin decir más, yo me abalancé y nos abrazamos para darnos un beso muy cachondo, su tremendo penesote me quedó entre las piernas, rozando mi panocha y saliendo hasta las nalgas. En ese instante, yo empecé a menear mi cadera para sentir sus caricias provocadas por mí misma y diciéndole “ahh…, papacito, dámelo ya…”. Entre besos y caricias, nos encaminamos a la cama, yo tenía la piel chinita y el corazón me daba de saltos, era una tarde muy especial, sí que iba disfrutarla al máximo, me daría mi tiempo, al fin el negro tenía aguante ¿no?.

Antes de llegar a la cama, yo lo volteé y caí encima de él, su falo quedó parado y bien firme, enseguida lo tomé con mis manos y comencé a mamárselo, sí, él era una pantera y yo le estaba devorando el pene como una leona hambrienta y en celo; al fondo, la samba seguía tocando. Pronto, el negrito empezó a gemir y a moverse, de repente se levantó con su agilidad de contorsionista y sin interrumpirme, me tomó de la cintura y se llevó mi panochita a su boca, para chuparme también, así que ya estábamos enfrascados en un rico “69”.

Eso era una delicia, por un lado, su lengua chupándome mi conejito y por el otro, yo agasajándome con ese descomunal falo de chocolate. Luego de un rato, yo ya no podía más, así que me levanté y le di la cara, pidiéndole “ya mi vida, quiero coger contigo”, entonces le chupé y le mordisqueé las tetillas, me encantan las tetillas de los hombres y más cuando ya están bien calientes.

Mientras lo hacía, yo sentía el roce de su verga en mis nalguitas, así que me la acomodé y… comencé a exclamar “ohhh, ahhh, aahh, ¡¡aahh!!, ¡sí, papi, qué rico!, aahh”, me estaba dando unos sentones en esas ocho pulgadas de carne maciza, al tiempo que la samba seguía sonando a lo lejos. Yo no sé si por el placer o por el ritmo pegajoso pero movía las caderas y sentía como esa verga me recorría todo el cuerpo, después me incliné hacia delante, para subir y bajar mientras seguía gritando “ahhh…, ahhh…, ahh…”.

Entonces, mi mulato me tomó suavemente de los hombros y me jalo hacia él, para chuparme las tetas mientras yo susurraba ”síííí…, ahhh…, ahhh…, ¡qué rico!, ahhh”, así que la música, mis gritos y el golpeteo de mis nalgas con sus muslos hacían el ritmo perfecto para esa tarde. Pasados unos minutos, yo comencé a temblar, creo que mi cuerpo se contorneaba ya como el de él cuando estaba bailando, estaba a punto de llegar y… “¡aah…, aah…, sí papito…, síííí, ahhh!”, luego caí sobre su pecho casi sin aire.

Mi agitación era tal que tardé unos minutos en recuperarme, al tiempo que él movía sus caderas de arriba abajo, muy lentamente, su falo seguía dentro de mí y me preguntó “¿en qué posición te gusta más?”, entonces le sonreí y me levanté desenganchándome de su vergota, enseguida me puse en cuatro puntos, de “a perrito” y comencé a menear mi culito, diciéndole “así, mi vida, esta es mi posición favoohh…, oohhh…, aaay, chiquito…, aahh”. Él no me dio tiempo de nada, saltó como pantera y me penetró con su falo abriéndome las nalgas, yo sentía que su verga me entraba por el coño e iba a salir por la boca, a veces, mis gritos se ahogaban porque me faltaba el aire pero lo estaba disfrutando al máximo y continuaba diciendo “sííí, así, papi, máás…, máss, cógeme más…, ahhh…, ahhh”.

De esa forma, mis nalguitas bailaban alrededor de sus ocho pulgadas de carne al ritmo de samba y con el vaivén de su cadera, él metía y sacaba su instrumento sin parar, a veces se agachaba para acariciarme mis tetas o acercarme las manos a mi cara, para que le chupara sus dedos bañados en mis propios jugos. En un instante dado, él se agachó, me tomó de las tetas para levantarme un poco y mientras me seguía penetrando, me besaba el cuello con delicadeza, ¡qué monumental cogida me estaba dando el mulato este!, sentía que su penesote me iba a partir en dos y seguía diciendo “más…, más…, dame más, papi”.

Repentinamente, yo ya no pude más y empecé a temblar otra vez como gelatina, la visión se me nublaba y lo único que pude hacer fue soltar un grito ahogado mientras me dejaba caer toda desguanzada en la cama “ayyy…, ricoooo…, ahh”, ¡qué bárbaro, este condenado negro me había hecho correrme dos veces seguidas! mientras yo retomaba el aire, él me acariciaba la espalda y mis nalguitas. Pasados unos minutos, yo le pregunté “¿no me digas que tu paopao sigue firmes?” y me respondió “con una mina como tú de rica, ¿qué paopao se va a caer?”.

Otra vez, yo comenzaba a recuperar el aire y él me preguntó “¿te gusta el anal?”, le contesté “nooo…, papi, con ese juguetito, ahora sí me partes en dos”, pero él insistió “¿te gustaría probar?”, entonces le confesé “nunca lo he hecho y no creo que sea el momento” y me reiteró “¿me dejas enseñarte algo?”, “enséñame todo lo que quieras, cógeme todo lo que quieras pero no me jodas mi colita” y añadió “te lo juro que no”…

Al momento, él juntó todas las almohadas y los cojines que había en la habitación y formó una pila a la orilla de la cama, luego me acostó a un lado de ella, se inclinó y comenzó a mamarme mi panochita. Para no hacerla cansada, después de retorcerme y de gritar unos minutos, el negro me hico llegar otra vez y al reponerme un poco, le pregunté “ay, mi vida, ¿crees que llegue al anochecer?” él sonrió, me levantó y me acostó boca abajo, sobre la pila de cojines, quedando empinada, con mi culito hacia arriba y mis piernitas colgando al aire.

Ya en esa posición, él me puso una mano en la cintura y comenzó a acariciarme las nalgas y mi coñito, incluso utilizó los jugos recientes que había tenido y empezó a untármelos en el ano, al tiempo que me lo acariciaba y me lo besaba, diciéndome “a esto le llamamos sacar la miel del panal”… Yo lo estaba disfrutando mucho y aunque estaba preocupada por la posición en que estaba, me encontraba totalmente relajada, flojita y ¡no me podía mover!, entonces me pidió “relájate”…

Inmediatamente, yo pensé “¡ay Dios, este canijo me va a joder mi colita!” pero no, ¡me metió el dedo y comenzó a jugar en mi hoyito!; yo no podía moverme ni gritar, por la posición en la que estaba, solo emitía un leve quejido de placer “aayyyy…, aayyyy…, uuuhh”. Pronto, las piernas se me adormecieron pero el placer era inmenso, la samba había dejado de tocar y el canijo negro me había hecho correrme ¡otra vez!.

Yo ya estaba en calidad de bulto y una seca nalgada sonó en el vacío del bungaló mientras yo caía sobre el colchón totalmente agotada, luego me quedé dormida, no me había emborrachado con las cervezas pero sí con tanto sexo. Dormí un buen rato, soñé que regresaba a mi hotel con el mismo taxista pero ahora sí, al llegar me decía “ahora sí, mamacita, el pago es con cuerpomático”, entonces me daba la vuelta sobre el asiento del coche y lo dejaba levantarme el vestido para que me lamiera mi culito y me metiera la mano, después me decía “un volado, si ganas te vas, si pierdes me das una mamada” y ¿qué creen?.

En mi sueño, yo perdí y luego me preguntó “¿doble o nada?” y ¿qué creen?, pues volvía a perder, así que mamada y cogida antes de dejar el taxi pero el sueño que más me gusto fue que, llegando a mi habitación en el hotel, al entrar, estaban dos de los limpia albercas adentro. Yo trataba de salir corriendo pero los otros dos me detenían en la puerta y según esto, me llevaban a la fuerza hasta la cama y digo que según a la fuerza porque mucha resistencia yo no ponía.

De nuevo en el cuarto, ellos me sacaban el vestido, me volteaban y me comenzaban a nalguear hasta ponerme cachonda, después me daban caña y ahí, me veía con los cuatro a mi alrededor, uno cogiéndome, mamándole la verga al otro y los otros dos, nalgueándome de lo lindo mientras que el que me cogía, me daba tirones del cabello para decirme “a ver putita cusca, ¿te gusta coger con varios, verdad?” y yo solo exclamaba “ahhh…, sííí”.

En esas estaba cuando mi mulato me despertó, había caído la noche y mientras dormía, él había preparado una ricas brochetas de pimiento, carne y piña, mmm; después de degustarlas, le seguimos dando gusto al cuerpo hasta que me pasé ensartadita la noche completa, como las brochetas que me comí. Luego, yo regrese a mi hotel, para preparar mi salida, obviamente en otro taxi y cuando llegué, ya no estaban los limpia albercas pero ya iba tranquilita, el mulato me había dado una descomunal cogida durante toda la tarde y la noche.

En el aeropuerto de la ciudad de México, mi esposo me esperaba y al verlo, lo abracé con mucho amor y lo besé como desesperada, luego me pidió “a ver, a ver, ¿qué tal estuvo el sorullo carioca?”, solo le respondí “mmm…, júntate todas los cojines de la casa cuando lleguemos y te platico, mi amor”…

Novicia

42 votos Calificacion 7.6

Enviada por: novicia

Correo: novicia08@gmail.com      
 

¿Como calificarías esta historia?